Cómo sobreviví al ambiente que yo mismo había creado
A muchas personas les gusta impresionar. Y, ¿por qué no? Al final, a quienes les gusta impresionar también suelen disfrutar de la gratificación.
Por eso, cuando conseguimos un nuevo empleo o un ascenso, nos esmeramos en agradar al jefe. Damos más de nuestro tiempo sin que nos lo pidan, llevamos tareas a casa, y para algunos eso parece normal. Pero en realidad, lo único que estás haciendo es robándote tu propio espacio personal.
Hace algunos años, cuando inicié mi carrera
laboral, tenía un jefe al que le gustaba cómo trabajaba. Pasaba horas cumpliendo tareas sin quejarme. Era como un trapo nuevo: absorbía todo sin resistencia. Pero con el tiempo, el desgaste comenzó a notarse y ya no rendía igual.
Las tareas se volvieron tediosas. Pensaba en el trabajo incluso en mis días libres. Podía estar en la playa, con el mar frente a mí, y aún así tener la mente atrapada en pendientes y reuniones. No disfrutaba la vida como debía. Como dice Wayne Dyer en Tus zonas erróneas: vive el presente. No te quedes atrapado en el futuro, ni en el pasado.
Con el paso de los meses, mi salud mental y física comenzaron a colapsar.
Recuerda esto: si dejas de hacer las tareas a tiempo, tu jefe se estresa. Y si él se estresa, te exigirá más. Y al final, te estresarás tú.
Un día caí enfermo. No podía levantarme. Lo primero que pensé fue: ¿qué pensará mi jefe? Pero mi jefe ya había buscado a mi reemplazo.
Nunca debes quemarte por un trabajo. Es evidente que sacarán de ti todo lo que puedan. Da lo mejor dentro de tu horario, sin permitir que el trabajo invada tu vida personal. Ese espacio es solo tuyo. Protégelo como si fuera tu casa: no dejes entrar a cualquiera.
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